Los Rayos Cósmicos y su origen




Un proyecto internacional con sede en Mendoza

Resolver uno de los grandes misterios del Universo, que desde hace casi un siglo desvelaba a cientos de cientí­ficos de todo el mundo, requerí­a de la colaboración de todos ellos. Es por eso que el 30 de enero de 1995 se inicia el Proyecto Pierre Auger, destinado a intentar resolver el enigma de los rayos cósmicos ultra-energéticos. La iniciativa fue lanzada por el fí­sico James W. Cronin (Premio Nobel en 1980), quien propuso el ambicioso proyecto internacional para estudiar los rayos cósmicos. “Los rayos cósmicos de más alta energí­a son mensajeros del universo extremo. Representan una nueva frontera del conocimiento”, dijo Cronin, quien fue apoyado, en 1992, por Alan Watson, de la Universidad de Leeds en la iniciativa de construir el observatorio.

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Cientí­ficos argentinos descubrieron el origen de los rayos cósmicos

Desde siempre la ciencia ha sido motorizada por la inquietud de verdaderos aventureros del conocimiento que han planteado, a partir del método cientí­fico, enigmas a ser develados. Y correr el velo a lo desconocido es un trabajo que destacados cientí­ficos argentinos han hecho: los miembros del Observatorio Pierre Auger, en Mendoza, lograron establecer el origen de los rayos cósmicos, aunque anticiparon que al menos les demandarán unos 10 años más entender cómo se producen y qué utilidad podr­án tener.

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La mayor energí­a

Los rayos cósmicos son partí­culas que llegan desde el espacio y bombardean constantemente a la Tierra desde todas las direcciones. La mayorí­a de estas partí­culas son núcleos de átomos o electrones. Algunas de ellas son más energéticas que cualquier otra partí­cula observada en la naturaleza.

Los rayos cósmicos ultra-energéticos viajan a una velocidad cercana a la de la luz y tienen cientos de millones de veces más energí­a que las partí­culas producidas por cualquier acelerador atómico en el mundo.

Hasta el anuncio hecho en Malargüe, Mendoza, nadie sabí­a cuál era el origen de los rayos cósmicos ultra-energéticos, aunque sí­ se estimaba que la mayorí­a de las partí­culas de rayos cósmicos de baja energí­a que llegan a la Tierra provienen de algún sitio dentro de nuestra galaxia, la Ví­a Láctea.

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Dos eventos de energía increíble

En el largo camino que la ciencia lleva tratando de captar rayos cósmicos, hay dos eventos que marcaron un antes y un después en la investigación de estas partí­culas subatómicas de una energí­a sin igual en la naturaleza.

Uno de los rayos cósmicos de más alta energí­a jamás registrado fue observado el 15 de octubre de 1991 por el detector Fly’s Eye en Utah, Estados Unidos. Este detector está ubicado en el desierto de Dugway Proving Grounds a poco má¡s de 100 kilómetros al sudoeste de Salt Lake City. El Fly’s Eye detecta rayos cósmicos observando la luz que producen cuando chocan con la atmósfera. Cuando un rayo cósmico de una extremada energí­a entra en la atmósfera, colisiona con un núcleo atómico y comienza una cascada de partí­culas cargadas que producen luz al correr a través de la atmósfera. Las partí­culas cargadas de un chubasco aéreo de rayo cósmico viajan juntas a una velocidad muy próxima a la de la luz, de modo que los detectores de Utah ven un punto fluorescente que se mueve rápidamente a lo largo de una lí­nea a través de la atmósfera. Midiendo cuanta luz proviene de cada etapa del chubasco aéreo, se puede inferir no sólo la energí­a del rayo cósmico sino también si se trata de un simple protón o un núcleo más pesado.

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Un lugar destacado en la ciencia

Desde siempre los investigadores argentinos se han destacado por sus aportes a la ciencia y son muchos, los que desde la Argentina o en el extranjero, brindan su esfuerzo en pos de realizar aportes vitales a la humanidad.

El reciente trabajo de la Colaboración local Pierre Auger, del proyecto homónimo, que contó con un aporte vital de los científicos argentinos en el observatorio de Malargüe, valió la tapa de la prestigiosa revista Science bajo el título “Correlación entre los rayos cósmicos de más alta energía y objetos extragalácticos cercanos”. Este es un dato sumamente relevante, que demuestra a las claras el valor del descubrimiento realizado en el Observatorio Pierre Auger, el que abre una nueva vía en la comprensión de la estructura, el origen y la evolución del Universo.

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El origen del enigma

La historia de la investigación de los rayos cósmicos parece más un relato de aventura épica que de divulgación científica. Es que durante casi un siglo, investigadores de todo el mundo han ido detrás de los rayos cósmicos y para ella han escalado montañas, volado en globos de aire caliente y viajado a los rincones lejanos de la Tierra en su pesquisa por entender a estas partículas que se mueven velozmente desde el espacio. El Proyecto Pierre Auger rescata aquel espíritu científico y continúa la tradición al revelar la fuente –que hasta ahora era desconocida- de los rayos cósmicos de la más alta energía.

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Argentina tiene su historia

En la comunidad científica local está establecido que el estudio de los rayos cósmicos comenzó en el país, a mediados del siglo pasado. Por aquellos años, como ecos de la inquietud que sacudía a los astrofísicos en Estados Unidos y Europa, llegaron a la Argentina las primeras conclusiones sobre las partículas subatómicas que impactaban en la atmósfera terrestre. Existe constancia de que en los años ‘50 se construyó un refugio en la cordillera de Los Andes en las laderas del cerro Laguna, vecino del volcán Maipo, a cuyos pies se encuentra la muy bella laguna del Diamante.

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